En el siglo XVII la propiedad de estas tierras es dudosa y confusa, son tierras de escasa calidad en su mayor parte tierras de secano y eriales de los cuales sus propietarios se desentienden. Sin embargo son de destacar las zonas de huertas regadas por los arroyos de Cantarranas, Maudes, San Bernardino y la Castellana. Las huertas de Eloina, Santa Engracia y la huerta de España se explotarán hasta el principio del siglo XX.
La propiedad de las tierras de Chamberí se repartía entre la Iglesia, los nobles y la monarquía, que entre ellos poseían el 80%. El resto entre campesinos acomodados y un gran número de pequeños propietarios dedicados al cultivo de cereal y vid fundamentalmente.
A finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, coincidiendo con la decadencia de los grandes patrimonios nobiliarios y eclesiásticos, se comienzan a producir arrendamientos de huertas y otros terrenos para su utilización en la fabricación de ladrillos y tejas. La rentabilidad de esta industria hace que prolifere en todo el sector perdiendo importancia las actividades agrícolas. A partir de este momento empieza a aparecer una población estable en la zona, se construyen casas para alojar a los trabajadores de Tejares y también a los habitantes de Madrid, todavía cercado por la Muralla mandada construir por Felipe IV.
Es en este mismo siglo XVIII cuando en coexistencia con en este despertar
industrial del sector, se empiezan las construcciones de paseos, arbolados.